Cáncer de cuello uterino, un mal prevenible

El cáncer de cérvix o cuello  uterino es el segundo más frecuente entre las mujeres, después del cáncer de mama; llega a representar el 15% de todos los cánceres femeninos. El 80% de los casos se diagnostica en países en vías de desarrollo.

 Entre los factores que promueven la aparición de cáncer de cuello uterino se encuentran:

  • las relaciones sexuales tempranas y frecuentes,

  • un alto número de parejas sexuales,

  • historial como fumadora

  • la existencia de infecciones por HPV, el virus del papiloma humano.

El HPV (Human Papiloma Virus) es un virus que afecta la mucosa del aparato genital (tanto de la mujer como del hombre). Existen tipos diferentes de virus del papiloma humano: los que se instalan en la piel y producen las verrugas comunes, y los que asientan en las mucosas del tracto genital inferior y producen los condilomas virales. Existen más de 90 tipos de este último grupo.

Los condilomas virales pueden ser de dos tipos de acuerdo a su presentación clínica: planos o de aspecto verrugoso, y ambos pueden afectar cuello, vagina, vulva y región perianal. Es decir que pueden ser externos y visibles por la propia mujer, o internos, totalmente asintomáticas y sólo diagnosticables por el ginecólogo.

¿Cómo son las lesiones de HPV?

Existen dos formas diferentes de presentación de las lesiones de HPV en el tracto genital:

  • las lesiones planas, asintomáticas y sólo detectables por el examen médico.

  • las lesiones sobreelevadas (acuminadas) que se presentan como verdaderas verrugas en vulva o región perineal; en estos casos la misma paciente puede hacer el diagnóstico puesto que son fáciles de reconocer a simple vista.

¿Qué síntomas produce la infección por HPV?

Las lesiones producidas por el HPV en cuello o vagina no producen síntomas, las descubre el ginecólogo durante el examen colposcópico o pueden ser sospechadas por  un Papanicoloau.

¿Qué relación existe entre el HPV y el cáncer de cuello uterino?

En las lesiones preneoplásicas e invasoras de cuello uterino se ha comprobado la presencia de algunos tipos virales del HPV, son los llamados virus de alto riesgo. Pero el efecto viral por sí mismo no produce cáncer, deben asociarse algunos cofactores, no del todo conocidos, entre los que podrían mencionarse entre otros alteraciones genéticos o inmunológicas.

¿Cuáles son los síntomas del cáncer cervical?

El dolor no se presenta como un síntoma de cáncer cervical sino hasta que éste ha avanzado al punto de ser invasivo. El síntoma más común del cáncer cervical es el sangrado anormal – puede ser abundante o muy poco sangrado en días fuera de la menstruación. También es importante tener en cuenta, el dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia) y el sangrado durante las mismas (sinusorragia). Aunque estos hechos no nos condicionen un cáncer cervical, nos deben alertar y por ellos consultar con el ginecólogo.

¿Cómo se detecta o se diagnostica el cáncer cervical?

La prueba del Papanicoloau o PAP es el método más efectivo para la detección temprana del cáncer cervical. Todas las mujeres mayores de 16 años, incluso las mayores de los 60 años, deben hacerse una prueba anual de Papanicoloau. Todas las mujeres menores de 16 años que sean sexualmente activas deben también hacerse exámenes regulares de Papanicoloau.

A partir de la década del cincuenta y como consecuencia de las investigaciones desarrolladas por George N. Papanicoloau, se perfeccionó y extendió el uso de la citología cervicovaginal o PAP test, primero en Estados Unidos y más tarde alrededor del mundo. Hoy, es parte indispensable entre de las rutinas de atención ginecológica preventiva.

El propósito de esta prueba es la detección de lesiones precursoras de cáncer de cérvix, lo que permite prevenir la aparición de lesiones invasoras. Arroja también otras informaciones, como la presencia de infecciones y el trofismo o nivel de hormonas sexuales.

El PAP Test es uno de los métodos más eficaces para determinar si hay células anormales; con el uso del microscopio se ve si hay modificaciones celulares mucho antes de que la paciente registre síntomas y, según su resultado, permite actuar, antes de que progresen y desarrollen otros estadios neoplásicos, es decir de cáncer. El cáncer cervical es normalmente visible con un examen, no así las lesiones precursoras. El mérito del método de Papanicoloau reside en su capacidad de predecir el posible desarrollo de una condición cancerosa cuando ésta aún no es visible, pero sí fácil y definitivamente tratable.

Cuando el Pap test indica una condición maligna o premaligna la paciente es reexaminada y el Pap repetido, se realiza la colposcopía para observar los tejidos y se toma la muestra para biopsia. Sólo a partir de un completo diagnóstico se establece el tratamiento correspondiente.

¿Cómo se trata el cáncer cervical?

Una vez más, el tratamiento tiene mayor éxito cuanto más temprano sea detectado el cáncer Si la condición es precancerosa, el ginecólogo podrá recomendar el tratamiento para el área afectada por medio de la congelación (criocirugía), cauterización (diatermia o quemadura), láser (el cual destruye el tejido anormal dejando intacto el tejido normal), procedimiento de escisión electroquirúrgica circular (LEEP) o la conización para remover tejido no saludable. Cirugía: La histerectomía (extirpar el útero y el cérvix) se realiza cuando el estadío del cáncer ya es avanzado y la paciente no quiere tener niños en el futuro. Cuando solo se extirpa el útero y el cérvix, no se presentan síntomas de menopausia, ya que los ovarios siguen produciendo hormonas. Si se extirpan las trompas de Falopio y los ovarios (anexohisterectomía), se presenta la menopausia. El cáncer cervical en sus etapas más avanzadas se trata a menudo con  radiación.


 

Dra. Karina Corti

Médica Cirujana M.P. 29166

Residente del Servicio de Ginecología

Hospital Córdoba.

 

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